Con unos orígenes que se remontan a los años 70 del siglo pasado y con un terreno de operaciones privilegiado, como son las aguas gallegas de Pontevedra, Mariscos Campelo lleva décadas apostando por democratizar el consumo de un marisco fresco y de calidad. De carácter familiar y en manos ahora de su cuarta generación, la compañía garantiza la trazabilidad de las ostras, almejas, berberechos y mejillones que vende dentro y fuera de España. Con una férrea política a favor de la innovación y la sostenibilidad, la firma trabaja desde siempre con proveedores que recurren a técnicas pesqueras respetuosas con el medio marino para proteger el presente y el futuro de nuestros mares.
Esa protección no es de ahora, sino de siempre, desde sus orígenes, desde que su fundador Francisco Fernández, hombre de mar y curtido en las aguas gallegas, decidiera probar suerte, vendiendo las riquezas marisqueras que compraba en las playas de la ría de Pontevedra en la por aquel entonces muy lejana San Sebastián.
“Cuando mi bisabuelo empezó el negocio lo hizo comprando almejas en las playas de las rías gallegas para llevarlas en furgoneta hasta el País Vasco y venderlas personalmente en San Sebastián. Hacía el viaje de media una vez a la semana y en cada trayecto transportaba unos 1.000 kilos. Aquellos inicios no fueron fáciles, desde luego, pero no doblegaron su voluntad, aguantó y salió adelante”, explica a Huella Manuel Uxío Blanco, actual gerente de Mariscos Campelo.
Vaya si salió. Tras varios años de idas y venidas entre Galicia y el País Vasco, aquel emprendedor cedió el testigo a su hija Ángela y al marido de ésta, Ramón, quienes en 1985 fundaron junto a sus hijos en Campelo la empresa que llevaría el nombre de aquel lugar, Mariscos Campelo S.A. De allí la familia se trasladaría al puerto de Vigo hace ahora seis años, y es en ese espacio donde cuentan con unos 2.000 metros cuadrados de superficie.
En todo este tiempo la familia Blanco Álvarez ha podido ser testigo de cómo su empresa ha ido evolucionando, vendiendo no sólo las almejas del principio, sino también ostras, mejillones, berberechos y diferentes productos del mar.
Proveedores locales y relaciones duraderas
Y si esa evolución fue posible es porque la familia hizo una doble apuesta por, por un lado, comercializar productos frescos y de calidad, y, por el otro, establecer relaciones duraderas con proveedores locales.
“El trato que tenemos con nuestros proveedores es casi familiar, llevamos décadas comprando el marisco que vendemos a familias de proveedores que al igual que nosotros han ido dando paso a distintas generaciones. Eso nos ayuda a tener controlada la trazabilidad de todo lo que vendemos”, matiza Blanco, al frente ahora, junto a sus hermanos Alexandre e Ilduara, de la firma que fundó su bisabuelo.
“El trato que tenemos con nuestros proveedores es casi familiar, llevamos décadas comprándoles el marisco".
Uxío Blanco, gerente Mariscos Campelo
Trazabilidad garantizada
A ese atributo de la trazabilidad, cada vez más demandado y valorado por el consumidor, se une el mimo con el que sus productos son tratados desde el mar hasta la mesa. “La mayoría de las ostras que nosotros comercializamos son cultivadas en las bateas gallegas, y las almejas gallegas que vendemos son principalmente del ‘banco’ de Pontevedra. Todo se hace con unas técnicas pesqueras respetuosas con el medio ambiente, y tradicionales, como se hacía en la época de mis abuelos”, sostiene Blanco.
Laborioso y artesanal
Tanto es así que, según explica, esa recogida se hace a mano y las ostras se extraen en una cantidad de unas 100 por cuerda separándolas después una a una con un trabajo que califica de “laborioso y artesanal”, con el objetivo de no lastimarlas ni romperlas.
Una vez que esos especímenes son capturados y separados, pasan a ser depurados durante horas para limpiarlos y después empaquetarlos. Una depuración que, matiza Blanco, en su caso se lleva a cabo en vertical para que el marisco se limpie más rápido reduciendo así el consumo eléctrico y de agua.
"La recogida se hace a mano y las ostras se extraen en una cantidad de unas 100 por cuerda separándolas después una a una con un trabajo laborioso y artesanal, con el objetivo de no lastimarlas ni romperlas".
Uxía Blanco, gerente Mariscos Campelo
Respetuosos con el entorno
“En Mariscos Campelo cuidamos de nuestro entorno y hacemos todo lo que está en nuestra mano para proteger el medio ambiente. Hemos optimizado nuestro consumo eléctrico, apostando por controlar todas las variables de nuestro sistema de motores de bombeo de agua. Tenemos además una iluminación Led en nuestras instalaciones, y entre nuestros desafíos figuran no descuidar ni un ápice nuestro respeto por el planeta y reforzar nuestra política de innovación”, apostilla.
Un cuidado y un respeto por los que la compañía da muestras de estar trabajando en la actualidad al llevar también a cabo un proyecto para que los envases que utiliza sean retornables.
Gracias a ese esfuerzo por ser novedosos en su producción, Mariscos Campelo cuenta entre sus hitos con el de haber sido una empresa pionera en la implementación del etiquetado de corbata en los mariscos. “Fuimos los primeros en hacerlo cuando entonces sólo se hacía con los ajos en España. Con aquella iniciativa conseguimos que los consumidores pudieran ver muy clara la trazabilidad de nuestros mariscos”, matiza.
“Fuimos los primeros en implementar el etiquetado de corbata, cuando entonces sólo se hacía con los ajos en España. Así conseguimos que los consumidores pudieran ver clara la trazabilidad de nuestros mariscos”
Manuel Uxío Blanco, gerente Mariscos Campelo
La innovación como palanca
Ahora sus innovaciones están encaminadas, según explica a Huella, a “mejorar aún más su sistema de empaquetado para que en las mallas de nuestros mariscos no haya piezas rotas”.
Para ello, y en colaboración con uno de sus proveedores, la firma ha puesta en marcha una máquina que mejora la anchura de dichas mallas con lo que se consigue, efectivamente, que las almejas no se quiebren por estar muy ‘apretadas’.
Ese mimo y esa voluntad por hacer las cosas bien no han pasado desapercibidos ni para los miles de consumidores, de dentro y de fuera de España que ya compran sus mariscos, ni para las empresas que apuestan por su producción para llevar esas delicias gallegas a sus pescaderías.
25 años con Alcampo
Ése es el caso de Alcampo con quien Mariscos Campelo mantiene una relación ininterrumpida desde hace más de 25 años. “Recuerdo que empezamos a trabajar con Alcampo gracias a nuestras almejas, y es un honor haber ido creciendo con ellos y ver que, con la capacidad de elección que tiene, apueste por nosotros para vender marisco en sus tiendas”, dice Manuel Uxío Blanco.
Actualmente, Alcampo compra a Mariscos Campelo las ostras, las almejas y los berberechos que comercializa bajo su marca Cultivamos Lo Bueno. Las primeras las vende en cajitas de madera de seis unidades, y las segundas y los terceros en mallas de medio kilo.
“En Alcampo apostamos por productos frescos y de calidad, y por proveedores que pueden garantizar la trazabilidad de sus procesos productivos, respetando el medio ambiente y contribuyendo a crear un progreso económico y social en las zonas en las que operan, como es el caso de Mariscos Campelo”, explica, por su parte, David Milán, comprador de productos pesqueros de Alcampo.
Empleo estable, dinamizador social
Con una producción diaria de 10.000 kilos de marisco, Mariscos Campelo da empleo a 30 personas todo el año, a las que se suman una decena más en las temporadas de mayor volumen de trabajo como es la Navidad.
Además de a la distribución, la compañía -cuya quinta generación familiar está garantizada– vende sus mariscos en algunos operadores de hostelería y muy especialmente en los mercados centrales de las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao.
Fuera de España, el gusto por sus productos le ha llevado a vender en países vecinos como Francia, Italia y Portugal, de donde, cuando es necesario, también importa algunos de sus productos para garantizar la venta anual de todos ellos y la estabilidad de sus puestos de trabajo.
Responsabilidad con el consumidor
De hecho, la almeja japonesa, como así se llama a la procedente de Italia, fue la que permitió que la familia Blanco Álvarez pudiera salvar el negocio cuando en 1987 una riada histórica afectó seriamente la continuidad de la almeja tradicional que por entonces habitaba en las aguas pontevedresas.
“Somos muy conscientes de la responsabilidad que tenemos para defender la calidad de nuestros mariscos y no se nos ocurre bajar la guardia. Sabemos que el consumidor quiere frescura y calidad y nosotros podemos y sabemos dárselas”, concluye.